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Las mejores lecciones que aprendí como bartender vinieron de sólo cinco cócteles. Ellos dieron forma a mi carrera y son la razón por la que me siento tan cómodo creando y experimentando a día de hoy. Me enseñaron la mayor parte de lo que sé, desde cómo equilibrar y agitar un cóctel, hasta cómo seleccionar una lista de cócteles. Domina estas bebidas y ya, casi, habrás llegado a la meta.

Hace poco cumplí 16 años trabajando en la industria de la hospitalidad y, durante 14 de esos años, ondeé la bandera del cóctel con orgullo. Esos pequeños vasos de lujo y decadencia son el punto al que he dedicado mi vida, al igual que, imagino, muchos de los que están leyendo esto ahora mismo.

Si bien no todas las bebidas me han inspirado, hay un puñado de cócteles que me han hecho querer ser mejor bartender y he llegado a la conclusión de que son la clave para abrir las puertas al dominio de los cócteles.

Al principio de mi carrera, admiraba a los bartenders que veía en la gran y pequeña pantalla: Doug Coughlin de "Cocktail", Isaac Washington de "Love Boat" y, por supuesto, Moe Szyslak de ‘The Simpsons’. Pero hubosólo uno que realmente me hizo querer ser un mejor bartender: Bart Simpson.

Los puristas de "The Simpsons" recordarán el capítulo en el que Bart se convierte en el bartender oficial del Club Social de hombres de negocios legítimos del Gordo Tony’s. Bart es natural y su Manhattan es el mejor que jamás haya probado el jefe de la mafia. Supongo en se podría decir que ese episodio en particular despertó mi interés por el Manhattan. Después de conocer las complejidades de este cóctel de tres ingredientes, me di cuenta de la importancia del agua y los amargos en un cóctel, y me enamoré de la variedad y complejidad que el Vermouth puede aportar a cualquier bebida, no sólo al Manhattan. Hoy en día, me gusta pensar que mi Manhattan es tan bueno como el de Bart.

Me mudé a Londres en 2008 y, durante los dos años que viví allí, tuve la oportunidad de conocer y servirle, en un par de ocasiones, a la leyenda de los bartenders Dick Bradsell. Él era un personaje intrigante y la leyenda que lo rodeaba no se parecía a ninguna otra en la industria. Era el mentor y el hombre que había resucitado nuestra profesión, además de ser extrovertido, nunca tímido fuera del bar, pero siempre humilde con respecto al alboroto que su trabajo dejaba detrás de él.

Dick Bradsell creó cócteles que se convirtieron en la base de todo lo bueno y destacable de los bartenders actuales.

Aunque no lo inventó, a Bradsell le gustaba especialmente el Tom Collins y aconsejaba a los bartenders más jóvenes que, si querían dominar el oficio, primero tenían que dominar este cóctel. Él creía que un Tom Collins debía ser esencialmente una limonada casera con gin y, que si podías elaborarla equilibrando lo dulce, ácido, fuerte y débil, estabas en buena forma como profesional.

Foto: Rob Lawson

Otro cóctel que, definitivamente, representa mi camino como bartender, y que aún sigo actualizando constantemente, es el Bloody Mary. He aprendido a través de la experimentación que la clave de este icónico cóctel es, de hecho, la sopa Tom Yum. A lo largo de mi trayectoria profesional, me he dado cuenta de que el equilibrio entre lo dulce, lo ácido, lo salado, lo especiado y lo fuerte debe respetarse al máximo. Cada uno de esos elementos debe estar en perfecto equilibrio. El condimento del jugo del tomate y el licor debe ser fuerte y contundente, pero controlado. Demasiado de alguno de los puntos estropeará este trago, y muy poco significará que terminarás con algo que esperarías que te sirvieran en un avión. En pocas palabras: un Bloody Mary pobre un bajón, y uno bueno es inmejorable.

Llegados a este punto, sería un delito por mi parte no mencionar el Negroni: la joya en el mundo de la coctelería y el preferido de cualquier bartender. No hay duda de que es un gran cóctel, pero el Negroni me ha enseñado poco sobre mi oficio, excepto el hecho de que lo amargo es un gusto adquirido y esa adquisición sólo se logra con una rigurosa práctica.

Nuestro penúltimo cóctel es una mezcla de algo dulce, amargo y fuerte, y muy relacionado al Negroni: el Pharmaceutical Stimulant, más conocido como Espresso Martini o Vodka Espresso, y una de las creaciones de Bradsell.

Hazme caso cuando se trata de relacionar el Negroni con el Pharmaceutical Stimulant: ambos cócteles usan un licor blanco para neutralizar sabores más fuertes, son "tríos" (bebidas de tres ingredientes) y equilibran perfectamente lo dulce, lo amargo y lo fuerte.

Este último, sin embargo, me ha enseñado que los buenos cócteles no tienen por qué ser complicados. Una estructura simple, combinada con la técnica adecuada, es suficiente para crear algo increíble. Este cóctel me enseñó la técnica de agitar correctamente, ya que ningún otro cóctel realmente necesita este fuerte proceso para considerarlo aceptable para beberlo.

Estos últimos años he tenido la oportunidad de viajar más y ver cómo funcionan la mayoría de los mejores bares del mundo. Cuanto más veo, más cuenta me doy de que se trata de mucho más que sólo servir cócteles: generalmente se trata de lugares en los que la gente quiere pasar mucho tiempo porque son geniales, tienen un gran servicio y se paran a escuchar las tendencias de temporada y lo que los clientes piden. Por último, y lo más importante, no se toman a sí mismos demasiado en serio y comprenden que, a veces, los mejores cócteles son los más simples.

Nuestro quinto favorito, el Daiquiri de Mango, personaliza todo lo anterior. No se trata del daiquiri hecho en licuadora, o lo que te ofrecen, lleno de azúcar, por Bourbon Street, New Orleans, si no del verdadero Daiquiri de Mango y todas sus adaptaciones de temporada son realmente algo digno de analizar. Toma un pedazo de mango fresco, 20ml de jugo de lima, una cucharada de azúcar y un buen chorro de ron. Añade hielo y agita hasta que tu mano esté demasiado fría para sostener la coctelera. El resultado: equilibrio, complejidad y diversión. Este tipo de cócteles es lo que la mayoría de los clientes piden noche tras noche. Los clásicos son clásicos por una razón y tomar nota de lo que cada uno te han enseñado y por qué tus clientes los piden, te ayudará a estar en constante desarrollo.

La primera lección, y la más importante, es que el servicio de bar se trata de escuchar a los clientes, pero a la vez, que la creatividad personal no tiene por qué verse afectada por esto. Al final del día, no tiene sentido tener el menú de cócteles más creativo del mundo si nadie lo pide.

Cinco cócteles me han enseñado más sobre coctelería que cualquier otro de los miles que existen. Mis 16 años detrás de la barra me han enseñado mucho sobre la vida, otros 16 me enseñarán aún más, y la vida misma me ha enseñado a mirar el vaso y verlo siempre medio lleno, de Daiquiri de mango o de cualquier otra cosa.